Diálogos: permanencia y diáspora

Claudia Cárdenas y María Gillman

La decisión de llevar a cabo este trabajo de campo surgió como resultado de las elecciones presidenciales en los EE.UU., celebradas en noviembre del 2016. Con la amenaza del presidente electo, Donald Trump, de deportar a los inmigrantes indocumentados, existía -aún existe- la posibilidad de repatriar, entre muchos otros, a los estudiantes conocidos como DREAMERS/DACA. El 2017 ha sido uno de altos y bajos para estos jóvenes y la deportación a México se teme, más que nunca, como una circunstancia inevitable.

La incertidumbre, el miedo y la desesperanza eran las vivencias prevalentes entre muchos de los estudiantes hispanos en la Universidad de Washington hasta el fin del ciclo universitario 2016-2017 y del año corriente. Los estudiantes, tanto documentados como indocumentados, ventilan sus frustraciones, y particularmente los Dreamers, recelando que el duro trabajo que han venido realizando por méritos propios para llegar a la universidad, desaparezca. Estos jóvenes se enfrentan a la contingencia de tener que volver a un país que conocen poco o desconocen mucho. Temen además de por ellos, por sus padres, así como el riesgo del rompimiento y separación de sus familias. “Siempre he tratado de ser una estudiante modelo. Mientras otros compañeros se divertían, yo solo o trabajaba para ahorrar y pagarme la universidad o estudiaba para sacarme becas. La diversión no existía en mi vida y ahora…”, asegura una estudiante [“Rocío”]. Otro, en cambio, opina que es mejor regresar a México: “porque siempre es mejor vivir entre los tuyos que vejados o humillados en este país” [“Deyadira”]. Y la zozobra ante lo desconocido es expresada por otro estudiante: “Profe, este año termino mi carrera de arquitecto y creo que lo mejor será volver a México. Me regreso, antes de que me echen, ¿cómo le hago para hacer una maestría en la UNAM. ¿Por dónde empiezo? [“Raúl”].

El sentimiento de inquietud es bilateral, los mexicanos de allá, tampoco conocen bien a los mexicanos de acá. Algunos tendrán nociones vagas -en muchos casos erróneas o totalmente falsas- de los mexicanos que viven en el lado norte del Río Bravo.

Por su parte, a días de la elección del nuevo mandatario, el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER), comenzó a tomar medidas en su red de consulados para ofrecer información oportuna y atender a sus connacionales, a través de un Centro de Información y Asistencia a Mexicanos (CIAM) en caso de que se presentara una oleada masiva de deportaciones. De manera más específica, la Secretaría de Educación Pública (SEP) inicia una serie de campañas y propuestas que faciliten a los jóvenes retornados la revalidación de estudios que realizan en los EE.UU y su incorporación al sistema educativo mexicano. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue la primera universidad mexicana en abrir sus puertas para aceptar a estudiantes y académicos repatriados. A ella se sumaron otras instituciones educativas públicas y privadas, como la Universidad Iberoamericana y La Universidad Veracruzana. Es en este marco en el que hay que considerar la preocupación del ciudadano medio, cuya pregunta sigue siendo: “¿Qué va a pasar, ¿qué vamos a hacer con todos esos jóvenes a su regreso a México?”

Desde su ámbito académico, la profesora Gillman, encargada de los cursos de español para hablantes de herencia en la Universidad de Washington (Seattle, Washington), compartió con la Mtra. Claudia Cárdenas (Secretaria Académica del Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM, dirigido por el Lic. Jorge Madrazo) el ambiente que se vivía en el aula. Teniendo esto en cuenta, Cárdenas sugirió entonces hacer entrevistas a jóvenes méxico-americanos en el programa de radio que ella misma dirigía en Radio El Rey 1360AM. A tal fin, elaboró una serie de preguntas que, aunque muy acertadas y muy válidas, eran unidireccionales. Por ello Gillman (UW) recomendó desarrollar un proyecto de “ida y vuelta”, un diálogo que no solo involucrara a profesores, sino a los jóvenes, y que facilitara su conocimiento. El objetivo último era que los jóvenes de México y los Dreamers y méxico-americanos pudieran expresar cómo se ven ellos realmente, reconociendo lo que son y lo que no son.