Pan-Hispanic Ballad Project

Total: 5


0110:372 La Condesita (á)            (ficha no.: 4112)

Versión de Villa de Tegüise (ay. Tegüise, p.j. Arrecife, Las Palmas, auton. Lanzarote, España).   Recogida por Sara Robayna Robayna, hacia 1955 (Archivo: ARMPG). Publicada en F.E.R.U. 1 Can. 1969, II, p. 199. Reeditada en RTLH 4 (1970), pp. 267-268, n.º V.322.  060 hemist.  Música registrada.

     Una gran guerra se ha armado    en España y Portugal;
  2   los ojos de la condesa    ya no cesan de llorar:
     --¿Por cuántos meses, mi conde,    para la guerra te vas?
  4   --Los contaremos por años,    por meses no hay lugar;
     si se pasan siete años,    con otro te puedes casar.--
  6   Se pasan los siete años    y el conde no viene ya;
     le dice el padre a la hija:    --Hija, ya te puedes casar.
  8   --No lo permita Dios del cielo    ni la Santa Trinidad,
     que si mi marido es vivo    con él me quiero juntar.
  10   --Ponte tu sombrero de paja    y tu ropa de tu igual.--
     Caminó siete jornadas    y no encontró con quién hablar.
  12   Sólo encuentra un pastorcillo    con ganado a presentar:
     --Dime, dime, pastorcillo,    dime, dime la verdad:
  14   ¿de quién es ese ganado    que llevas a presentar?
     --Es del conde don Ramiro,    que mañana va a velar;
  16   hoy ha matado las reses    y mañana coce el pan.
     --¡Vamos, vamos, pastorcillo,    tú me tendrás que guiar!,
  18   si el ganado se te pierde    yo te lo sabré buscar,
     y si acaso no aparece,    yo te lo sabré pagar.--
  20   Se llegaron a un sitio de ventanas    y balcones y demás.
     Le regalan una boya    y un hermoso delantal:
  22   --No quiero limosnas de ésas,    sino con el conde hablar.
     Baja, baja, conde mío,    si me quieres escuchar:
  24   ¿Ya no miras esta boca    que te solía de hablar?
     ¿ya no miras estos ojos    que te solían de mirar?
  26   ¿ya no miras estos brazos    que te solían de abrazar?
     ¿ya no miras estas manos    que te solían dar el pan?
  28   ¿ya no miras este anillo    que te ha costado un caudal?--
     Y de gozo y regocijo    el conde se echó a llorar.
  30   --Ésta es mi primer mujer,    con quien yo debo de estar.--

Variante: -21 El ms. dice boya, quizá error por hoya `joya.

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0110:407 La Condesita (á)            (ficha no.: 4401)

Versión de Agüimes (ay. Las Palmas de Gran Canaria, ant. Telde, p.j. Las Palmas, ant. Las Palmas de Gran Canaria, isla de Gran Canaria, Las Palmas, auton. Gran Canaria, España).   Recitada por Eugenia Suárez. Recogida por Francisco Tarajano, 00/00/1955 (Archivo: ARMPG). Publicada en F.E.R.U. 1 Can. 1969, II, pp. 153-154. Reeditada en RTLH 5 (1971-1972), pp. 245-246, n.º VIII.32.  138 hemist.  Música registrada.

     Grandes guerras se publican    por España y Portugal,
  2   y al conde Flores le nombran    por capitán general.
     Lloraba la condesita    no se puede consolar;
  4   acaban de ser casados    y se tienen que apartar.
     --¿Cuántos días, cuántos meses    piensas estar por allá?
  6   --Deja los meses, condesa,    por años debes contar;
     si a los tres meses no vuelvo,    viuda te puedes llamar.--
  8   El conde se fue a la guerra,    no sé cuando vendrá;
     pasa un siglo y pasan dos,    pasan tres y pasan más.
  10   El conde Flores no torna,    ni nuevas suyas fue a dar;
     ojos de la condesita    no cesaban de llorar.
  12   y un día estando en la mesa    su padre le empieza hablar;
     con palabras de amor dulce    trátala de aconsejar:
  14   --Cartas del conde no llegan,    nueva vida tomarás;
     condes y duques te piden,    te debes, hija, casar.
  16   --Cartas en mi corazón tengo    que don Flores vivo está.
     ¡No lo quiera Dios del cielo    que yo me vuelva a casar!.
  18   Dame licencia, mi padre,    para el conde ir a buscar.
     --Mi consejo tienes, hija,    mi licencia además;
  20   mi bendición en ti puesta    nunca te abandonará.--
     Se retiró en su aposento    llora que te llorarás;
  22   se quitó medias de seda,    de lana las fue a calzar;
     quitó zapatos de raso,    los puso de cordobán,
  24   y un brial de seda verde    que valía una ciudad;
     encima del brial puso    un hábito de zagal.
  26   Esportilla de romera    sobre el hombro se echó atrás;
     cogiendo el bordón en la mano    se fue a peregrinar.
  28   Andando siete reinados,    morería y cristiandad,
     anduvo por mar y tierra,    no pudo al conde encontrar.
  30   Cansada va la romera,    que ya no puede andar más.
     Llegó a un puerto, miró al valle,    un castillo vio asomar:
  32   --Si aquel castillo es de moros,    allí me cautivarán,
     mas si es de buenos cristianos,    ellos me han de remediar.--
  34   Y bajando unos pinares    gran vacada fue a encontrar:
     --Vaquerito, vaquerito,    te quería preguntar:
  36   ¿de quién llevas tantas vacas    todas de un hierro y señal?
     --Del conde Flores, señora,    que en aquel castillo está.
  38   --Del conde Flores tu amo    ¿cómo vive por acá?
     --De la guerra llegó rico,    mañana se va a casar;
  40   ya están muertas las gallinas,    ya están amasando el pan;
     muchas gentes convidadas,    desde muy lejos van.
  42   --Vaquerito, vaquerito,    por la Santa Trinidad,
     por el camino más corto    me has de encaminar allá.--
  44   Llegando frente al castillo    con don Flores fue a encontrar:
     --Dame limosna, buen conde,    por Dios y por caridad.
  46   --¡Oh, qué ojos de romera    en mi vida los vi tal!
     --Sí los habrás visto, conde,    si en Sevilla estado has.
  48   --La romera es de Sevilla,    ¿qué se cuenta por allá?
     --Del conde Flores, señor,    poco bien y mucho mal.--
  50   Y echando la mano al bolsillo    un real de plata le da.
     --¡Para tan grande, señor,    poca limosna es un real!
  52   --Pues pida la romerica,    que lo que pida tendrá.
     --Yo pido ese anillo de oro    que en tu dedo chico está.--
  54   Abrióse de arriba abajo    el hábito de zagal:
     --¿No me conoces, buen conde?    Mira si conocerás
  56   el brial de seda verde    que me diste al desposar.--
     Al verla con aquel traje    cayóse el conde mortal;
  58   ni con agua ni con vino    no se puede remediar,
     sólo con palabras dulces    que la romera le da.
  60   La novia bajó llorando    al ver al conde mortal,
     desde arriba do estaba    en un alto ventanal ,
  62   y abrazado a la romera    se lo vino a encontrar:
     --¡Malas mañas sacas, conde,    no las podrás olvidar!,
  64   que en viendo una buena moza    luego la vas a abrazar.
     --¡Maldita la romerica,    quien te trajo por acá!
  66   --No la maldiga ninguno,    que es mi mujer natural;
     con ella marcho a mi tierra,    con Dios, señora, quedad.--
  68   Quedóse con Dios, la novia,    vestidica y sin casar,
     que los amores primeros    son muy malos de olvidar.

Nota: Versión derivada de o influída por la versión facticia de Menéndez Pidal, publicada Flor nueva de romances viejos en 1928 (2ª ed. aumentada: 1933).

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0110:404 La Condesita (á)            (ficha no.: 4398)

Versión de Puntagorda (ay. Puntagorda, p.j. Los Llanos de Aridane, ant. Santa Cruz de la Palma, Santa Cruz de Tenerife, auton. Tenerife, España).   Documentada en o antes de 1966. (Archivo: ARMPG; Colec.: Sosa Barroso, S.). Publicada en F.E.R.U. 1 Can. 1969, II,pp. 59-60. Reeditada en RTLH 5 (1971-1972), pp. 244-245, n.º VIII.29.  134 hemist.  Música registrada.

     Grandes guerras se publican    por la tierra y por el mar,
  2   y al conde Flores lo nombran    por capitán general.
     Lloraba la condesita    no se puede consolar;
  4   acaban de ser casados    y se tienen que apartar.
     --¿Cuántos días, cuántos meses    piensas estar por allá?
  6   --Deja los meses, condesa,    por años debes contar;
     si a los tres años no vuelvo,    viuda te puedes llamar.--
  8   Pasaron los tres y cuatro,    nuevas del conde no hay;
     Los ojos de la condesa    no cesaban de llorar.
  10   Un día estando en la mesa    su padre le empezó a hablar:
     --Deja el llanto, condesita,    nueva vida tomarás;
  12   condes y duques te piden,    te debes, hija, casar.
     Carta en mi corazón tengo    que don Flores vivo está.
  14   ¡No lo quiera Dios del cielo    que yo me vuelva a casar.
     Déme licencia buen padre    para el conde ir a buscar.
  16   --La licencia tienes, hija,    mi bendición además.--
     Se retiró a su aposento    llora que te llorará;
  18   se quitó medias de seda,    de lana las fue a calzar;
     quitó zapatos de raso,    los puso de cordobá,
  20   y un brial de seda verde    que valía una ciudad,
     y sobre del brial se puso    un hábito de sayal.
  22   Espuertilla de romera    puso al hombro y se echó a andar;
     cogió el bordón en la mano    y se puso a peregrinar.
  24   Anduvo siete reinados,    morería y cristiandad,
     anduvo por mar y tierra,    no pudo al conde encontrar.
  26   Cansada va la romera,    que ya no puede andar más.
     Subió a un monte, miró al valle,    gran castillo vio asomar:
  28   --Si aquel castillo es de moros    allí me cautivarán;
     mas si es de buenos cristianos,    ellos me han de remediar.--
  30   Al bajar unos pinares    gran vacá vino a encontrar:
     --Vaquerito, vaquerito,    por la Santa Trinidad,
  32   que me niegues la mentira    y me digas la verdad,
     ¿de quién es tanto ganado    todo de un hierro y señal?
  34   --Del conde Flores, romera,    que en aquel castillo está.
     --Vaquerito, vaquerito,    más te quiero preguntar:
  36   el conde Flores, tu amo,    ¿cómo vive por acá?
     --De la guerra llegó rico,    mañana se va a casar;
  38   ya están muertas las gallinas    y están amasando el pan;
     mucha gente convidada    de lejos llegando van.
  40   --Vaquerito, vaquerito,    por la Santa Trinidad,
     por el camino más corto    me has de encaminar allá.--
  42   Jornada de todo un día    en medio la pudo a andar;
     al llegar frente al castillo    con don Flores fue a encontrar:
  44   Arriba vio a la novia    en un alto ventanal:
     --Déme limosna, buen conde,    por Dios y su caridad.
  46   --¡Vaya ojos de romera,    que en mi vida los vi tal!
     --Sí los habrás visto, conde    si en Sevilla estado has.
  48   --La romera es de Sevilla,    ¿qué se cuenta por allá?
     --Del conde Flores, señor,    poco bien y mucho mal.--
  50   Metió la mano al bolsillo    y un real de plata le da.
     --¡Para tan grande, señor,    poca limosna es un real!
  52   --Pues pida la condesita,    que lo que pida tendrá.
     --Yo pido el anillo de oro    que en tu dedo chico está.--
  54   Y abrióse de arriba abajo    su hábito de sayal:
     --¿No me conoces, buen conde?    Mira y me conocerás.--
  56   Y al verla en aquel traje    el conde cayó hacia atrás.
     La novia bajó llorando    al ver al conde mortal,
  58   y abrazado a la romera    se lo ha venido a encontrar:
     --¡Malas mañas quitas, conde,    no las podrás olvidar
  60   que viendo una buena moza    siempre la vas a abrazar!--
     Ni con agua ni con vino    no lo pudo consolar,
  62   sino con palabras dulces    que la romera le da.
     --¡Malhaya la romerita    quien la trajo por acá!
  64   --No la maldiga ninguno,    que es mi mujer natural;
     con ella vuelvo a mi tierra    en donde me esperarán.
  66   Quédese con Dios, la novia,    vestidita y sin casar,
     que los amores primeros    son muy malos de olvidar.--

Nota: Versión derivada de o influída por la versión facticia de Menéndez Pidal, publicada Flor nueva de romances viejos en 1928 (2ª ed. aumentada: 1933).

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0110:405 La Condesita (á)            (ficha no.: 4399)

Versión de Tenerife s. l. (Santa Cruz de Tenerife, auton. Tenerife, España).   Recogida por Ulpiano Pérez Barrios, 00/00/1966 (Archivo: ARMPG; Colec.: Sosa Barroso, S.). Publicada en F.E.R.U. 1 Can. 1969, I, pp. 342-343. Reeditada en RTLH 5 (1971-1972), p. 245, n.º VIII.30.  087 hemist.  Música registrada.

     Ya la guerra se publica    en la tierra y en el mar,
  2   y al conde Flores le nombran    por capitán general.
     --¿Cuántos meses, cuántos días    piensas estar por allá?
  4   --Deja los meses, condesa,    por años debes contar;
     si a los tres años no vuelvo,    viudas te puedes llamar.--
  6   Pasan los tres y los cuatro    nuevas del conde no hay;
     ojos de la condesita    no cesaban de llorar.
  8   Estando un día en la mesa    su padre le empieza hablar:
     --Deja el llanto, condesita,    nueva vida has de tomar;
  10   condes y duques te piden,    hija, te debes casar.
     --Cartas en mi corazón tengo    que don Flores vivo está.
  12   Dame licencia, mi padre,    para el conde ir a buscar.--
     . . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
     Anduvo siete reinados,    morería y cristiandad,
  14   anduvo por mar y tierra,    al conde no pudo hallar.
     Cansada va la romera,    que ya no puede andar más;
  16   mira al cielo, mira al bosque    y un castillo ve somar:
     --Si aquel castillo es de moros,    allí me cautivarán;
  18   mas si es de buenos cristianos,    allí me remediarán.--
     . . . . . . . . . . . . . . . . . . .    gran vacada fue a encontrar:
  20   --Vaquerito, vaquerito,    te quisiera preguntar:
     ¿de quién llevas tantas vacas    todas de un yermo y seyal?
  22   --Del conde Flores, romera,    que en aquel castillo está.
     --Del conde Flores, mi amo,    ¿Cómo le va por acá?
  24   --De la guerra llegó rico,    mañana se va a casar;
     ya están muertas las gallinas,    ya están amasando el pan;
  26   mucha gente convidada,    de lejos llegando van.
     --Vaquerito, vaquerito,    por la Santa Trinidad,
  28   por el camino más corto    me has de conducir allá.--
     --Dame limosna, buen conde,    por Dios y la caridad.
  30   --¡Oh, qué ojos de romera    en mi vida los vi igual!
     --Sí que los has visto, conde,    en Sevilla has estado ya.
  32   La romera es de Sevilla,    ¿qué se cuenta por allá?
     --Del conde Flores, señor,    poco bien y mucho mal.--
  34   Mete la mano al bolsillo    y un rial de plata le da.
     --¡Para tan grande, señor,    poca limosna es un real!
  36   --Qué pida la romerica,    que lo que pida se dará.
     --Yo pido ese anillo de oro    que en tu dedo chico está.
  38   ¿No me conoces, buen conde?    Mira si conocerás
     el sayar de seda verde    que me diste al desposar.
  40   --¡Malhaya la romerica    quien la trajo por acá!
     --No la maldiga ninguno,    que es mi mujer natural;
  42   con ella me voy a mi tierra,    adiós, señores, quedad.
     Quédese con Dios, la novia,    vestidita y sin casar,
  44   que los amores primeros    son muy malos de olvidar.--

Nota: Versión derivada de o influída por la versión facticia de Menéndez Pidal, publicada Flor nueva de romances viejos en 1928 (2ª ed. aumentada: 1933).

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0110:406 La Condesita (á)            (ficha no.: 4400)

Versión de Tenerife s. l. (Santa Cruz de Tenerife, España).   Recogida por María Jesús López de Vergara, 00/00/1969 (Archivo: ARMPG; Colec.: López de Vergara, M. J). Publicada en F.E.R.U. 1 Can. 1969, I, pp. 166-167. Reeditada en RTLH 5 (1971-1972), p. 145, n.º VIII.31.  132 hemist.  Música registrada.

     Grandes guerras se publican    en la tierra y en el mar,
  2   y al conde Flores le nombran    por capitán general.
     Lloraba la condesita    no se puede consolar;
  4   acaban de ser casados    y se tienen que apartar.
     --¿Cuántos días, cuántos meses    piensas de estar por allá?
  6   --Deja los meses, condesa,    por años puedes contar;
     si a los tres años no vuelvo,    viuda te puedes llamar.--
  8   Pasan los tres y los cuatro,    nuevas del conde no hay;
     ojos de la condesita    no cesaban de llorar.
  10   Un día estando a la mesa    su padre le empieza a hablar:
     --Cartas del conde no llegan,    nueva vida tomarás;
  12   condes y duques te piden,    te debes, hija, casar.
     --Carta en mi corazón tengo    que don Flores vivo está.
  14   ¡No lo quiera Dios del cielo    que yo me vuelva a casar.
     Dame licencia, mi padre,    para al conde ir a buscar.
  16   --La licencia tienes, hija,    mi bendición además.--
     Se retiró a su aposento    llora que te llorarás;
  18   se quitó medias de seda,    de lana las fue a calzar;
     dejó zapatos de raso,    los puso de cordobán;
  20   un brial de seda verde,    que valía una ciudad,
     y encima del brial puso    un hábito de sayal.
  22   Esportilla de romera    sobre el hombro se echó;
     cogió el bordón en la otra mano    y se fue a peregrinar.
  24   Anduvo siete reinados,    morería y cristiandad,
     anduvo por mar y tierra,    no pudo al conde encontrar.
  26   Cansada va la romera,    que ya no puede andar más;
     subió a un puerto, miró a un valle,    un castillo vio asomar:
  28   --Si aquel castillo es de moros,    allí me cautivarán;
     mas si es de buenos cristianos,    ellos me remediarán.--
  30   Y bajando unos pinares    gran vacada fue a encontrar:
     --Vaquerito, vaquerito,    te quería preguntar:
  32   ¿de quién llevas tantas vacas    todas de hierro y señal?
     --Del conde Flores, romera,    que en aquel castillo está.
  34   --Vaquerito, vaquerito,    más te quiero preguntar
     del conde Flores, tu amo:    ¿cómo vive por acá?
  36   --De la guerra llegó rico,    mañana se va a casar;
     ya están muertas las gallinas    y están amasando el pan;
  38   mucha gente convidada,    de lejos llegando van.
     --Vaquerito, vaquerito,    por la Santa Trinidad,
  40   por el camino más corto    me has de encaminar allá.--
     Jornada de todo un día    en medio la hubo de andar;
  42   llegada frente al castillo,    con don Flores fue a incontrar,
     y arriba vio estar la novia    en un alto ventanal:
  44   --¡Oh, qué ojos de romera    en mi vida los vi tal!
     --Sí los habrás visto, conde,    si en Sevilla estado has.
  46   --La romera es de Sevilla,    ¿qué se cuenta por allá?
     --Del conde Flores, señor,    poco bien y mucho mal.--
  48   Echó la mano al bolsillo    un real de plata le da.
     --¡Para tan grande, señor,    poca limosna es un real!
  50   --Pues pida la romerica,    que lo que pida tendrá.
     --Yo pido ese anillo de oro    que en tu dedo chico está.--
  52   Abrióse de arriba a abajo    el hábito de sayal:
     --¿Tú me conoces, buen conde?    Mira si conocerás
  54   el brial de seda verde    que me diste al desposar.
     Al mirarla en aquel traje    cayóse el conde hacia atrás;
  56   ni con agua ni con vino    no lo pueden recordar,
     si no es con palabras dulces    que la romera le da.
  58   La novia bajó llorando    al ver al conde mortal
     y abrazando a la romera    se lo ha venido a encontrar:
  60   ¡Malas mañas sacas, conde,    no las podrás olvidar,
     que en viendo a una buena moza,    luego la vas a abrazar.
  62   --¡Malhaya la romerica,    quien te trajo por acá!
     --No la maldiga ninguno,    que es mi mujer natural;
  64   con ella vuelvo a mi tierra,    adiós, señores, quedad.
     Quédese con Dios, la novia,    vestidita y sin casar,
  66   que los amores primeros    son muy malos de olvidar.--

Nota: Versión derivada de o influída por la versión facticia de Menéndez Pidal, publicada Flor nueva de romances viejos en 1928 (2ª ed. aumentada: 1933).

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