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--De cara miro a Sevilla, de cara miro a Granada.
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¡De esa ciudad de Burgos vengan tres y vengan cuatro,
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venga ese don Manuel que es gran hombre de a caballo!--
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Bien lo oyera don Manuel, de altas torres ha bajado.
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--¡Aprisa, aprisa, la ropa y aprisa, aprisa el calzado,
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y aprisa, aprisa, la silla para ensillar el caballo!--
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Cuando se estaba vistiendo la sangre le caía a arroyo
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de las heridas viejas que aún no le habían curado.
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. . . . . . . . . . . . . . . . . . . Cuando llegó al campo
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allí estaba el mal moro, que lo estaba esperando.
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--¿Quieres pelear a pie, a pie o a caballo?
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--A pie no, perro moro, a pie no, que estoy malo.--
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Tira el moro la su lanza, viene el aire y la desvía.
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Don Manuel, como es ligero, muy pronto se desviara.
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Tira don Manuel la suya, la tiró como arrabiando;
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le cortara pecho y brazo y el gabardón del caballo;
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le cortara la cabeza y al buen rey se la ha llevado.
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--Aquí te traigo, buen rey, aquí te traigo un regalo:
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la cabeza del mal moro que le venía desafiando.
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--Muchas gracias, Manuel,
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de tres hijas que yo tengo una andará a tu mandato.--
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