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El venticinco de un mes, por cierto que ha sido en mayo,
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robaron el Sacramento, para siempre y alabado.
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--¿No hay quien descubra este hurto, no hay quien descubra este daño?;
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el que descubriera el hurto se le dan dos mil ducados.--
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Van a una calle arriba, ven una mujer hilando.
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--Señores, no me hagan mal, ni tampoco me hagan daño,
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que yo descubriré el hurto, que yo descubriré el daño:
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que prendan a fray Francisco que en Granada está jugando.--
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Prendieron a fray Francisco, preso muy aprisionado,
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con cadenas en los pies y los grillos en las manos.
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Ha pedido un confesor que quería confesarlo.
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--Veinte mil muertes he hecho con estos terribles brazos,
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y otras tantas a doncellas las he desacriditado.
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Maté mi padre, mi madre, y a dos pequeños hermanos;
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una hermana que tenía de catorce pa quince años
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gocé largo tiempo de ella, tuve dos hijos tiranos,
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uno le cené esta noche y otro lo arrojé al pagano.--
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El confesor que esto oye pa atrás cae desmayado.
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--No se asuste, confesor, que estamos emprecipiando.
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También entré en una iglesia y robé el cáliz sagrado,
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diez puñaladas le di a mi Dios Sacramentado.
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Las partículas metí en mis pulidos zapatos
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y las llevé para casa y en la lumbre las he echado.
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La ceniza que salió la eché al río abajo,
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que el agua perdió el corriente, que da temblor el contarlo.
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--Confesado ya estáis, hijo, ausolverte no podía.--
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Viene una voz por el aire: --Ausuélvele, por su vida.
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--Tres penitencias te pongo, cogerás la que querías.
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Si te quieres hacer vela el pábilo yo lo pondría.
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--Eso no lo hago, señor, que luego me derretía.
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--Te vas a meter nun horno, la leña yo la pondría.
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--Eso no lo hago yo, padre, que luego me hago ceniza.
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--Tienes que irte a una cueva donde haiga serpientes vivas,
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la más chiquitina de ellas siete cabezas tenía,
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con todas siete picaba, con todas siete mordía.
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--Eso sí lo haré, señor, porque así lo merecía.
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--Tres veces te iré a ver, tres veces en cada día:
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una vez a la mañana, otra vez al mediodía,
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y otra vez iré a la noche cuando la sierpe dormía.
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--¿Cómo te va, penitente, con tu mala compañía?.
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--A mí bien me va, señor, porque así lo merecía.
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--De la rodilla pa abajo ya me lo llevan comida,
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ahora van a las entrañas que era lo que más sentía.--
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Las campanas de los cielos tocaban a alegría,
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pol ánima `el penitente que pa los cielos camina.
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