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En esta ciudad vivía una muy noble doncella
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llamada Isabel María, muy humilde y muy atenta.
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Esta niña cayó mala, que ya no tiene remedio;
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llamaron a los doctores y los doctores dijeron
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que hay que encomendarla a Dios y la más pura perfecta
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--Virgen de la Soledad, yo te ruego, gran princesa,
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que si la salud me dieres [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
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meterme de religiosa donde mi vida enfenezca.--
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Donde al punto despretó, hallándose sana y buena.
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Tratan sus padres casarla con un mozo de esta tierra;
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y ella con mucho gusto el casamiento hiciera,
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sabiendo que era de Dios la primera que está hecha.
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La noche del desposorio, cuando acabaron la cena,
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fueron a recogimiento como lo manda la Iglesia;
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vido estar sobre la cama [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
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un mancebo muy galante que esta manera dijera:
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--Yo bien sé que esa es tu esposa que te la ha dado la Iglesia
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con tu santo matrimonio, no te has de gozar con ella
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porque es esposa de Cristo y mandan que la defienda,
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yo soy el ángel bendito pues que vengo a defenderla.--
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El novio, que oyóse esto, se echa de la puerta afuera,
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muy triste imaginativo, lleno de cólera y pena.
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Ella quedóse esperando [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
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que con el mismo demonio quedó de hacer la ofensa.
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Se le presenta el demonio con traje de caballero:
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--Di qué tienes, di qué tienes, di qué tienes, Isabela.
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--El traidor de mi marido, [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
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que se ha ido y me ha dejado sin constarle mi tristeza.
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--¿Dónde quieres que te lleve? --Llévame pa donde quieras.--
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Donde al punto la plantó a la sombra de una higuera;
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de diablos estaba cercada, de figuras toda llena.
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Mandó el demonio al instante que se pusiera la cena.
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Asentóse y asentóla y con el demonio cena.
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Cuando acabó de cenar, quiso decir la doncella
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gracias al divino Dios y virtudes tan inmensas.
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También le dijo el demonio que allí virtud no valiera,
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porque donde ella estaba toda la virtud se encierra.
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También le dice el demonio [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
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que se quite del pescuezo aquella bolsa pequeña.
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Ella dice que no quiere, porque desde niña y tierna
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se la pusieron sus padres al cuello como defensa.
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Se oyó una voz de lo alto que de esta manera dijera:
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--No me ves en esta cruz, en esta cruz con afrenta,
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no me ves esta lanzada que mi costado atraviesa,
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ves las puertas de la gloria, no quieres entrar por ellas.
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Venid, demonios, llevadla, quitadla de mi presencia.--
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Los demonios a agarrarla; la Virgen a defenderla:
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--Hijo mío de mis ojos, de tu poderosa fuerza,
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que salió de tu rebaño, no permitas que se pierda.
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--Quiero que a la ciudad vayas y me pagues la promesa
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para que sirva de ejemplo a la cristiana belleza.--
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