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Por las calles de Turquía van voces de un pregonero:
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--Si hay quien compre dos cristianos, valiente hidalgo caballero.
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--Sí, señor, yo vos los compro, si me los dais a buen precio.--
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Bajó el caballero abajo, los niños los compra luego;
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los coge por una mano, los lleva pa su aposento,
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y les pone de comer, les dicen que coman luego.
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Cuando, al medio del comer, gran pregunta les han hecho:
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--¿Hijos, tenéis padre o madre, alguien que sea por vosotros?
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--Mi padre era un pescador de su caña y su aparejo,
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yéndose un día a la mar a buscarnos el remedio,
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dieron corsarios con él, le cautivaron su cuerpo,
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después acá no hemos sabido de su triste cautiverio.
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--Si vieran a vuestro padre, ¿atrevían a conocerlo?--
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Entonces dijo el más chico, lo que no dijo el más viejo:
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--Sí, señor, lo conociera, lo conociera, por cierto,
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no por sus aficiones, tiene una seña en su cuerpo:
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en su mano la derecha tiene un lunar en un dedo.--
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Quita guantes de las manos, al fuego los bota luego.
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--¡Oh, malhaya sean los guantes, las manos que los hicieron,
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porque tenían tapado lo que estaba descubierto!
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Yo soy la oveja perdida, a vuestro rebaño vuelvo.--
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