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La rueda de la fortuna nunca se pudo estar quieta,
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de media roda que distes me trajistes a esta tierra;
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no me pesa haber venido ni tampoco estar en ella,
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que he visto la mejor dama que cria naturaleza,
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asomadita a un balcón, muy adornada y compuesta.
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La dije: --Señora dama-- como si la conociera.
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--Déme un clavel, si ella quiere, de esos que tiene a par della.
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--¡Mira cómo me le pide el pícaro sin vergüenza!
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--Calle usted, señora dama, que es al uso de mi tierra,
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los galanes como yo regalan a las doncellas,
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ellas nos dan para guantes, y acá pa zapato y media.
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--Si quiere conversación suba arriba la escalera.--
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No acabó de prenunciarlo, cuando ya se plantó en ella.
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La dama cerró el balcón y el galán cerró la puerta;
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las vecinas, que lo vían, decían: --¡Poca vergüenza!.
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--Mi marido no está en casa, que está a recoger su hacienda.--
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Y el corazón le decía: --Vete a tu casa y no vuelvas,
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que tienes una mujer que te hace dos mil ofensas.
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--¿Cómo podía ser eso, si mi mujer es tan buena?.
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--Deja el caballo que corre, coge la mula que vuela;
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ves dejando los caminos, ves cogiendo las veredas.--
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Al entrar en la ciudad su casa está la primera.
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Todo lo ha hallado cerrado, lo que no se usaba en ella;
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con un puñal que traía hizo un bujero a la puerta,
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primero metió los pies, luego metió la cabeza,
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el caballo, que no cupo, atado a la reja queda,
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como mula de dotor que siempre queda a la puerta.
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Se ha ido para la cocina, por ver quién estaba en ella:
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el gatito y la gatita lamiéndose la cazuela;
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de un puntapié que les dio los echó las tripas fuera.
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Se ha ido para la sala por ver quién estaba en ella.
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Ha visto una bujía luciendo sobre una mesa.
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--¿Qué muertos hay en mi casa que los alumbran con cera?.--
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Se ha ido para la alcoba, por ver quién estaba en ella:
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el galán y la galana, durmiendo y a pierna suelta.
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Le dio siete puñaladas, que de la menor muriera.
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Despierta la condenada, que en su sangre se revuelca.
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--Dispierta, falsa traidora, falsa traidora, dispierta,
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¿qué te faltaba en mi casa pa haberme hecho tal ofensa?.
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Si te faltaba dinero, haber vendido una prenda;
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si te faltaba criada, haber metido una negra;
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si te faltaba marido, haberme escrito dos letras,
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que bien sabes escribir, ¡ojalá Dios, no supieras!
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Coge esa niña en tus brazos, dala la leche postrera;
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coge esa bula en tus manos y confiésate con ella,
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que no hay confesor más cerca ni te doy lugar siquiera.--
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Al decir "Jesús, pequé" el corazón la atraviesa.
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Ha calao siete colchones, sábanas y delanteras,
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y de humadas que no cuento, que pasan de media `ocena.
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Coge la niña en sus brazos, se va para en ca la suegra.
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--Toma esa niña en tus brazos que tu hija muerta queda.
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--¿Cómo podía ser eso, si anoche cené con ella?.
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--Coja esa niña en sus brazos, no haga otro tanto con ella,
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a otra vez que críes hijas, críalas con más vergüenza.--
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Se marchó para la plaza tirando va la montera.
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--Venir, venir, carniceros, en mi casa carne queda:
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un novillito de quince y una novilla pequeña.
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Si toos hicieran lo mismo se acababan las cornamentas.--
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