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Ya se sale Guiomar de los baños de bañar |
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colorada como la rosa, su rostro como cristal. |
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Cien damas salen con ella que a su servicio están, |
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eran todas fijas dalgo, muy fermosas en verdad, |
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ricamente ataviadas que era gloria de mirar. |
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Preguntando va Guiomar por el rey Jafar su padre. |
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Respondiera un caballero que le estaba delante: |
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--Retraído está, señora, en su palacio real, |
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de dentro de siete puertas allá se fuera a encerrar, |
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y mandó a los porteros que a nadie dejen entrar |
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sino a sus caballeros, los del consejo real; |
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llorando está de sus ojos que es dolor de lo mirar, |
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mesábase los cabellos, sus barbas otro que tal. |
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La causa del lloro tan grande yo no la sabré contar, |
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mas sé que le han venido cartas de Carlos el emperante, |
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lo que contienen aquellas yo no lo sabré contar.-- |
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Guiomar que esto oyera corriendo va a más andar, |
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que ni atiende a sus damas, ni a nadie quiso esperar; |
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antes se fue al palacio donde estaba el rey su padre. |
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No hay portero que la detenga ni la osase bablar. |
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Allegara a la gran sala donde su padre está, |
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vio a sus caballeros que le estaban delante |
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puestos en tan gran silencio que a nadie oyó hablar |
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y allí vido estar al rey en la su silla real, |
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su mano tenía en el rostro con un pensamiento grande. |
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Allegóse Guiomar, y humillósele delante, |
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tomándolo por la mano por habérgela de besar. |
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El rey Jafar que la viera la fue luego a levantar |
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y besándola en el rostro no pudo estar de llorar. |
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Fízole dar una silla, y cabo él se fue a sentar. |
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Allí fabló Guiomar y empezara de hablar: |
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--Por Dios vos ruego, el rey, me digades la verdad: |
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¿Qué es la causa del enojo? ¿Quién vos ha hecho pesar? |
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Y acordáos que las mujeres son para bien y para mal.-- |
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Respondiérale el rey con gran tristeza y pesar: |
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--Sabréis, fija Guiomar, la causa de nuestro mal: |
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que ha dos horas o poco menos cartas me fueron llegar, |
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las cuales envió don Carlos, capitán de la cristiandad, |
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en que me envía las treguas, y me tornara las paces, |
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y me suelta los tributos, que ya no los quiere más; |
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mas demándame mis reinos que se los haya de dejar. |
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Y si no lo hago, hija, los meterá a huego y sangre. |
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Treinta días me dio de plazo, que más no me quiso dar, |
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y la peor señal que veo y que a mí da mayor pesar, |
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es ver que en riberas de Ebro tiene asentado su real. |
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Y si hago resistencia serme hia mayor mal, |
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aunque sesenta mil combatientes bien los puedo yo allegar |
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de Aragon y de Castilla, y Valencia esa ciudad. |
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Mas ¿qué aprovecha? mi hija, que será doblar mis males; |
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que tiene otros tantos, y con ellos los doce pares, |
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y si más gente quisiere, a toda la cristiandad. |
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Y de todo aquesto, fija, a vos toca el mayor mal: |
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que de mí ya no me pesa, que soy viejo y de gran edad; |
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mas recibo de vos pena que sois niña y de poca edad, |
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porque agora venía el tiempo que habíades de reinar. |
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¿Quién gobernará mis reinos, mis villas y mis ciudades? |
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¿Quién manterná mis caballeros, los de mi corte real? |
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¿Y vos y yo, la mi fija, dónde iremos a parar?-- |
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Guiomar era discreta si en el mundo había su par, |
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y cuanto le dijo el rey lo fue muy bien a escuchar, |
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respondióle con gran tiento y empezara de hablar: |
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--No desmayes, el buen rey, no quieras tomar pesar, |
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que si Alá me da la vida yo lo entiendo remediar |
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si vos, rey, me dais licencia que haga a mi voluntad |
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y que lo que yo hiciere por hecho lo hayáis de dar.-- |
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El rey Jafar que esto oyera tal respuesta le fue a dar: |
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--Por Dios vos ruego, mi fija, vos me lo queráis contar |
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de qué suerte lo haredes, o cómo pensáis remediar.-- |
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Guiomar como obediente le diera respuesta tal: |
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--Que de grado lo diría por servir su Majestad. |
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Acordaos, rey, de Cellinos que tovistes en catividad, |
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que siete años o más estuvo sin libertad, |
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y sin decillo a vuestra Alteza licencia le fuera a dar, |
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que se tornase en Francia, a su tierra natural. |
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Pues estando él en el campo en algo me ha de ayudar, |
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y cuando él no me ayudase, otro mayor pienso fallar, |
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que allí será Montesinos, ese esclarecido infante, |
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que mucho tiempo me ha servido en vuestra corte real; |
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por mí ha hecho torneos, por mí en campo fue a entrar; |
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y también sé que don Carlos, aquel alto emperante, |
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nadie le pidió merced que el no se la otorgase. |
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Y por esto os ruego, padre, licencia me queráis dar, |
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que delante d`él yo vaya para merced le demandar: |
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que él es tan magnífico hombre que no me la negará-- |
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El rey Jafar que esto oyera luego se fuera a turbar, |
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maldiciendo la fortuna empezara de llorar |
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diciendo estas palabras con dolor y sospirar: |
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--¡Oh desventurado rey que en el mundo no hay su par! |
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¡Oh mi hija Guiomar, espejo de mi mirar! |
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¡Oh descanso de mi vida, reposo de mi pesar! |
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¿Quién vos dará tal licencia, quién vos la osará dar? |
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¿Quién vos asegura, fija, a vos en la cristiandad, |
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que no os sea hecha deshonra, o vos hayan de avergonzar?-- |
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Guiomar que aquesto oyera tal respuesta le fue a dar: |
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--Yo suplico a vuestra Alteza que no quiera tal hablar; |
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que nunca en campo ninguno se usó tal platicar |
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que a nadie que fuese de grado se le oviese de hacer mal. |
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Cuanto más do está el gran Carlos y aquellos doce sin par, |
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así que por ese cabo bien os podréis segurar. |
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Y envía por las trompetas cuantas en la tierra están, |
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manda hacer un pregón por su reino general: |
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que cualquier dama hermosa se haya de aparejar, |
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y otro día de mañana sea al palacio real. |
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Viendo el rey que más no pudo el pregón mandara dar: |
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que obedezcan a Guiomar, que hagan a su voluntad. |
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Viérades la barahunda que había en la ciudad, |
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de atavíos de las damas cuál saldría más galana. |
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Pues decir de Guiomar sería largo de contar, |
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que toda la noche en peso jamás se quiso acostar, |
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mas puesta en invenciones y en vestidos se ensayar. |
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Y no era venido el día cuando ella en punto está; |
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mandó abrir las sus salas y su palacio real. |
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Viérades entrar las damas que es placer de lo mirar, |
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cada una de su atavío quién más linda puede andar. |
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Y cuando estuvieron juntas en su palacio real, |
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fablárales Guíomar a todas en general: |
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--Bien sabéis, hermanas mías, nuestra gran nesesidad |
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y sabéis todas las cosas que ha escrito el emperante. |
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Y para remediar tal daño es de gran necesidad |
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que vais todas conmigo a la su tienda real |
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a suplicar a su Alteza, merced nos quiera otorgar, |
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que nos delibre las tierras, y que nos torne la paz.-- |
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Las damas que esto oyeron le dieron respuesta tal: |
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que eran todas muy contentas por servir su Majestad: |
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Levantóse en pie Guiomar, agradecióles su voluntad |
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y escogió cien damas de ellas que más le fueron agradar, |
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aunque no fuesen fijas dalgo, ni de muy alto linaje. |
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Y las que no eran tan vestidas de sus ropas les hacía dar; |
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mandó traer cabalgaduras para ellas cabalgar, |
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ricamente guarnecidas que era cosa de mirar. |
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Con ellas cien caballeros por más honestas andar. |
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Mandó allegar las trompetas y atabales otro que tal; |
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hizo venir los instrumentos que se pudieron hallar. |
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Desque todo fue a punto mandó a todos cabalgar. |
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Vérades cabalgar damas, caballeros otro que tal; |
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ver cuál iba Guiomar nadie lo sabría contar: |
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encima de una hacanea blanca que en Francia no la había tal, |
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un brial vestido blanco de chapado singular, |
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mongil de blanco brocado, enforrado en blanco cendal, |
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bordado de pedrería que no se puede apreciar, |
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una cadena a su cuello que valía una ciudad. |
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Cabellos de su cabeza sueltos los quiere llevar, |
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que parecen oro fino en medio de un crista, |
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una guirlanda en su cabeza, que su padre le fue a dár, |
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de muy rica pedrería que en el mundo no hay su par. |
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Ya se parte Guiomar, ya empieza de caminar, |
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con ella sale el rey Jafar fasta la puerta de la ciudad. |
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Desque fueron a la puerta Guiomar le fue a hablar, |
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tomándolo de las manos que se las quiere besar, |
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rogándolo mucho de grado no recibiese pesar |
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El rey Jafar que la oyera no pudo estar de llorar, |
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diciéndole: --Fija mía no me queráis olvidar, |
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cuando seréis entre cristianos, de mí os queráis acordar; |
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mirad cómo quedo solo con una angustia mortal.-- |
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Dándole su bendición licencia le fuera a dar. |
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Ya se parte Guiomar para do está el emperante. |
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Siesta era de mediodía, tiempo de calor muy grande |
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cuando el emperador Carlos se levanta de yantar |
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y con él todos los doce que a su mesa comen pan. |
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Cada uno se va a su tienda a dormir y a folgar |
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cuando llegó Guiomar al real del emperante. |
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Desque fue cerca las tiendas las trompetas mandó llamar, |
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que desparasen todos juntos cuantos instrumentos hay. |
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Ya desparan las trompetas, atabales otro que tal, |
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hacían tan grande estruendo que la tierra hacen temblar. |
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Viérades los franceses voces que empiezan a dar, |
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diciendo: --¡Al arma, al arma, todo hombre a cabalgar!, |
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que este era el rey Jafar, o alguna traición grande.-- |
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Mas presto llega la guarda que tenía el emperante, |
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y vieron ser Guiomar, que venía tan triunfante. |
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Presto se tornan las guardas por la gente asegurar, |
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y dieron presto las nuevas a Carlos el emperante |
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cómo era Guiomar que venía le hablar, |
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y le demanda licencia si la dejara entrar. |
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El emperador muy contento de grado se la fue a dar. |
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Ya entraba Guiomar por medio de aquel real. |
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Treinta pasos de la tienda donde estaba el emperante |
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descabalgó Guiomar. Sus damas mandó apear |
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por hacer acatamiento a la corona real; |
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pasó por medio la guarda que tenía el emperante, |
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que eran más de dos mil hombres los que le suelen guardar. |
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Y cuando llegó a la puerta de aquella tienda real, |
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viera estar a don Carlos, aquel alto emperante. |
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Conociólo Guiomar según dél tenía señal: |
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con aquellas barbas blancas que tenía por la su faz, |
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que jamás pelo en su vida de la barba fuera a cortar. |
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Guiomar como discreta ante él se fue a arrodillar, |
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tomándolo por las manos por habérselas de besar. |
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El emperador que la mira le fue tanto a contentar, |
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que la tomó por los brazos, y la hizo levantar, |
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besándola en el carrillo, las manos no le quiso dar; |
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antes la tomó del brazo, y en la tienda la hizo entrar, |
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hízole dar una silla, cabo él la mandó asentar. |
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Fablándole muchas palabras que era placer de escuchar, |
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dícele que le pesaba, por ser de tan gran edad, |
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para ser su caballero, y de ella se enamorar. |
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Hablando de estos placeres en que los dos están |
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vierades los caballeros atavíos ensayar, |
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cuál iría más polido, cuál iría más galán, |
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y el que más presto se viste se ya a la tienda real |
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a ver la gran fermosura, por ver aquella beldad |
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de Guiomar la linda que en lindez no hay su par. |
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Allí vino Oliveros, allí vino don Roldán, |
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y vienen los doce pares de Francia la natural. |
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A todos hace dar sillas aquella real Majestad. |
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Ellos en aquesto estando vieron por la puerta entrar |
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ese infante Montesinos, sobrino del emperante, |
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con una ropa de brocado que al suelo quiere llegar, |
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una cadena a su cuello que mil marcos de oro vale. |
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Guiomar desque lo viera al emperador fue suplicar, |
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le quisiese dar licencia para habelle de halar. |
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El emperador de buen grado luego se la fuera a dar. |
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Salió a la puerta de la tienda y fuéraselo a abrazar. |
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Montesinos que la viera cuasi se fuera a turbar; |
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la color toda mudada, le empezara de hablar: |
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--Bien sea venida vuestra Alteza, bueno sea vuestro llegar-- |
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Y tomábale las manos que se las quería besar; |
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mas Guiomar no quiso, nunca se las quiso dar. |
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Montesinos de turbado no se le fue a acordar, |
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que había andado diez pasos sin la cabeza se cobijar. |
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Guiomar que lo viera el bonete le hizo tornar. |
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El emperador que los viera luego los hace sentar, |
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desque todos fueron posados empezaron de hablar |
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de aquella gran fermosura que Dios había querido dar |
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a la infanta Guiomar y a las damas que con ella van. |
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Allí fabló el emperador a todos en general: |
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--Yo tal fermosura de dama nunca vi en la cristiandad; |
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mas por ser ella tan hermosa una merced le quiero dar: |
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que yo he dado treinta días a su padre el rey Jafar |
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demandándole las tierras, y tornándole la paz. |
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Por amor de Guiomar le quiero dar mucho más: |
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yo le doy más cuatro meses, y estos le quiero dar.-- |
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Guiomar que esto oyera en pie se fue a levantar, |
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las rodillas por el suelo le comenzó de hablar, |
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haciéndole muchas gracias de la merced que le fue a dar. |
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--Mas suplico a vuestra Alteza, no se quiera enojar, |
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de recebir una merced la cual yo le quiero dar: |
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que tome todos los reinos que hoy son del rey mi padre, |
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y esto sin hacer guerra, sino de muy buena voluntad. |
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El emperador que esto oyera fuérase a maravillar, |
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diciendo estas palabras con un placer atan grande: |
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que jamás fallara a nadie que le llevase ventaja |
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de siempre mercedes y dar de contino a grandes, |
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sino era Guiomar que con él se quiso igualar; |
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mas que él no consiente, ni lo quería otorgar; |
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que antes le torna las tierras y le volvía las paces, |
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y le suelta los tributos, que no los quería más |
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y le hacía seguro de nunca lo enojar: |
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--Mas yo vos pido una gracia nunca me la queráis negar: |
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que se tornase cristiana y con Montesinos casar. |
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Guiomar que esto oyera mucho se fuera a turbar; |
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estuvo pensando un rato sin respuesta le tornar; |
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mas Dios todopoderoso en su corazón fue a entrar, |
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y dijo que lo placía de cristiana se tornar |
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por hacer servicio a su Alteza, con Montesinos casar: |
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--Y esto muy secretamente que no lo sepa mi padre, |
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pues que era ya tan viejo y puesto en la postrera edad; |
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que desque será muerto yo lo haré publicar.-- |
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Mandó venir un arzobispo y un perlado cardenal, |
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que la hiciesen cristiana, y la quieran desposar. |
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Esto hecho entre ellos licencia fue a demandar |
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a aquel gran emperador, que luego se la fue a dar. |
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Y así se fue Guiomar con muy gran solemnidad. |
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Gran fiesta le hizo su padre cuando la vido tornar. |