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De Mantua salen apriesa sin tardanza ni vagar |
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ese noble conde Dirlos, visorey de allende el mar, |
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con el duque de Sansón de Picardía natural; |
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camino van de París, aunque ninguno lo sabe, |
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que el marqués Danés Urgero los envía con mensaje |
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a ese alto emperador que estaba en París la grande. |
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Llegados son a París sin mucho tiempo tardar; |
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caballeros son de estima, de grande estado y linaje, |
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de los doce que a la mesa redonda comían pan. |
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Los grandes que lo supieron salen por los acompañar. |
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Desque entraron en París vanse al palacio real; |
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preguntan por el emperador para habelle de hablar. |
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Desque lo supo don Carlos luego los mandó entrar; |
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desque son delante dél las rodillas van hincar; |
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demandaronle las manos, mas no se las quiso dar; |
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mandólos alzar de tierra, comenzóles preguntar: |
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--¿De dónde venides, duque? ¿de qué parte o qué lugar? |
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¿Dónde habéis estado, conde?, ¿venís de allende la mar?-- |
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Respondieron ambos juntos presto tal respuesta dan: |
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--En Francia, habemos estado en Mantua esa ciudad, |
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con el marqués Danés Urgero por le haber de acompañar; |
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embajada vos traemos, señor, queráisla escuchar: |
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mandad salir todos fuera, no quede sino Roldán, |
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que después siendo contento, bien se podrá publicar.-- |
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Todos se salieron luego de la cámara real, |
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todos cuatro quedan solos, las puertas mandan cerrar. |
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De rodillas por el suelo el conde comenzó a hablar: |
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--¡Oh muy alto emperador, sacra real majestad! |
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tu vasallo soy, señor, y de Francia natural, |
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pues vengo por mensajero licencia me manda dar |
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para decir mi embajada, si no recibes pesar.-- |
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Respondió el emperador sin el semblante mudar: |
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--Decid, conde, qué queréis, no vos queráis recelar; |
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bien sabéis que el mensajero licencia tiene de hablar. |
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Al amigo y enemigo siempre se debe escuchar, |
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por amistad al amigo, y al otro por se avisar.-- |
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Levantóse luego el conde, una carta fue a mostrar, |
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la cual era de creencia, dióla en manos de Roldán; |
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comenzó de hacer su habla con discreto razonar: |
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--Creyendo hacer más servicio a tu sacra majestad, |
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acepté, señor, el cargo de este mensaje explicar, |
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porque sin pasión ninguna la verdad podré contar, |
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según que vengo informado, sin añadir ni quitar. |
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La embajada que yo traigo es justicia demandar |
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del infante don Carloto, tu propio hijo carnal. |
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Dicen que él mató sin culpa a Valdovinos el infante, |
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hijo del buen rey de Dacia, tu vasallo natural; |
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dicen que le mató con aleve, con engaño y falsedad, |
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rogándole que se fuese con él a le acompañar. |
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Por casarse con su esposa dicen que le fue a matar; |
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de este delito se quejan muchos hombres de linaje, |
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que son parientes del muerto, y se sienten del tal mal. |
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El marqués Danés Urgero se muestra más principal |
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por ser tío de Valdovinos, hermano del rey su padre. |
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Demás de ser su pariente, tiene muy mayor pesar |
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porque lo falló herido, casi a punto de espirar, |
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en un bosque muy esquivo, apartado de lugar. |
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El mismo le contó el caso, a él se fue encomendar; |
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en sus brazos espiró, razón es no le olvidar: |
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y ese maestre de Rodas Urgel de la fuerza grande, |
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que es primo del marqués, tio también del infante; |
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y ese duque de Baviera don Naimo el singular |
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abuelo de Valdovinos, padre carnal de su madre; |
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y ese rey de Sansueña, tu vasallo natural, |
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padre de la infanta Sevilla que cristiana fue a tornar |
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por amor de Valdovinos para con él se casar; |
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y otros muchos caballeros también se van a quejar, |
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los unos por parentesco, los otros por amistad; |
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sobre todos esa reina doña Ermeline, su madre. |
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Tus naturales y extraños también te envían a suplicar |
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que si tu hijo los mata ¿quién los ha de defensar? |
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Si no mantienes justicia dejarán su natural, |
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y se partirán de Francia a otros reinos a morar. |
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El caso es abominable, y terrible de contar; |
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si tal cosa es, señor, bien lo debes castigar. |
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Acuérdate de Trajano en la justicia guardar, |
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que no dejó sin castigo su único hijo carnal; |
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aunque perdonó la parte, él no quiso perdonar. |
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Si niegas, señor, justicia, mucho te podrán culpar, |
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que tal caso como este no es para dejar pasar. |
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¡Mira bien, señor, en ello! Respuesta nos manda dar.-- |
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Turbóse el emperador, que apenas pudo hablar; |
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la mano tenía en la barba, muy pensativo además. |
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A cabo de una gran pieza tal respuesta le fue a dar: |
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--¡Si lo que habéis dicho, conde, se puede hacer verdad; |
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mas quisiera que mi hijo fuera el muerto sin dudar! |
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El morir es una cosa que a todos es natural, |
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la memoria queda viva del que muere sin fealdad; |
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del que vive deshonrado se debe tener pesar, |
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porque así viviendo muere olvidado de bondad. |
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Decilde, conde, al marqués y a cuantos con él están |
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que el pesar que de esto tengo no lo puedo demostrar; |
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mas yo daré tal ejemplo en esta muerte vengar, |
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que la pena del delito sobrepuje a la maldad |
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porque todos escarmienten cuantos lo oyeren nombrar. |
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Vengan pedir su justicia que yo la haré guardar |
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como es costumbre de Francia usada de antigua edad. |
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Si buena verdad trujeren en mi corte se verá; |
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do mi persona estuviere la justicia será igual, |
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así al pobre como al rico, así al chico como al grande, |
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y también al extranjero, como al propio natural. |
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¡Mas quiero dejar memoria de grande riguridad, |
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que dejar sin dar castigo, al que comete maldad, |
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aunque sea mi propio hijo que me tenía de heredar. |
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Cuando esto oyó el conde las manos le fue a besar; |
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alabando su respuesta, el duque comenzó hablar: |
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--Siempre, señor, confiamos de tu ínclita bondad, |
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que por mantener justicia tal respuesta habías de dar; |
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mas porque el caso requiere en sí mesmo gravedad, |
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y, por ser cosa de hijo, tú no lo debes juzgar. |
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El marqués Danés Urgero te envía a suplicar, |
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que porque él tiene jurado de en poblado nunca entrar |
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fasta que alcance derecho de Carloto el infante |
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y él mismo tiene de ser, el que lo ha de acusar, |
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que no quieras ser presente para haber de sentenciar; |
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mas que nombres caballeros que puedan determinar |
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según costumbre de Francia, entre hombres de linaje, |
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y que los que señalardes para este caso mirar. |
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Sean caballeros de estado de tu consejo imperial |
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y que hagan juramento de administrar la verdad |
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y tu majestad provea de señalar un lugar |
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en el campo, sin poblado, a do se haya de juzgar |
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para oír ambas las partes fasta ejecución final. |
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Y porque el marqués trae gentes para se haber de guardar |
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de quien algo le quisiere y le hubiere de enojar, |
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y sus parientes y amigos vienen por le acompañar, |
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y entre ellos viene Renaldos, el señor de Montalván, |
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el cual está puesto en bandos con tu sobrino Roldán; |
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porque no sabe el marqués si recibirás pesar, |
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no quiere venir con gentes sin saber tu voluntad, |
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pues viene a pedir justicia y no para guerrear, |
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que tú, señor, le asegures y a cuantos con él vernán, |
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mientra que el pleito durare seguro les mandes dar |
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para venida y estada, y después para tornar. |
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No porque él tema a ninguno, ni haya de quién se recelar; |
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mas por cumplir lo que debe a tu sacra majestad. |
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De esta manera, señor, él vendrá sin detardar, |
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que ya es partido de Mantua, no cesa de caminar. |
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Don Renaldos le aposenta sin hacer daño ni mal, |
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en tierras de señoríos todos recaudo le dan, |
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pagando de sus dineros lo acostumbrado pagar. |
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Para pasar por tus tierras licencia les manda dar, |
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y todos los bastimentos que hubieren necesidad, |
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pagando lo que valiere no se les debe negar.-- |
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Al emperador le plugo, todo lo fue así otorgar: |
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--El marqués venga seguro y cuantos con él vernán. |
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Venga siquiera de guerra, o como le placerá, |
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yo lo tomo so mi amparo, so mi corona real. |
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Porque más seguro venga este mi anillo tomad; |
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todo lo que os prometo siempre fallaréis verdad; |
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la licencia que pedís soy contento de vos dar; |
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ordenaldo a vuestra guisa, que así lo quiero firmar.-- |
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Sacó un anillo de oro con el sello imperial; |
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el duque le tomó luego, las manos le fue a besar. |
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Del emperador se despiden, a sus posadas se van. |
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Don Roldán quedó enojado, mas no lo quiso mostrar. |
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Luego se supo en la corte todo lo que fue a pasar, |
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la embajada que traían, lo que venían a demandar. |
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Mucho pesó a don Carloto, quiérelo disimular; |
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fuése al emperador a haberse de desculpar |
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mas nunca lo quiso oír sino en consejo real. |
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La audiencia que le dio fue mandarlo aprisionar |
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fasta ser determinada por su corte la verdad. |
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Desque preso y a recado en guarda lo fuera dar |
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a don Arnaldos de Belanda que Ayuelos suelen llamar, |
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gran condestable de Francia, y en cortes gran senescal. |
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Mucho pesaba a los grandes que le tenían amistad, |
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sobre todos le pesaba a ese paladín Roldán. |
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Todos buscaban maneras para le haber de soltar, |
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mas nunca el emperador a nadie quiso escuchar. |
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Cuanto más por él le ruegan, tanto más lo hace guardar. |
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Cada día entra en consejo, las leyes hacía mirar, |
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quien tal crímen cometía qué pena le habían de dar. |
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Estando en esto las cosas el marqués fuera a llegar |
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a tres millas de París a vista de la ciudad. |
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No quiso pasar adelante, mandó asentar su real. |
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Aposentóle Renaldos ribera de un río caudal, |
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do mejor le pareció y más seguro lugar; |
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él se pasó adelante una milla o poco más. |
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Armaron luego su tienda, su bandera mandó alzar; |
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la gente de la ciudad todos iban a mirar |
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el gran campo del marqués, su concierto singular, |
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la diversidad de gentes, la órden que el marqués trae. |
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Muchos señores y grandes al marqués iban hablar |
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por probar algún concierto y saber su voluntad. |
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El estábase en su tienda, en aquel estado grande, |
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armado de todas armas, y descubierta la faz, |
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el ataúd allí delante por más dolor demostrar |
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la madre de Valdovinos y su esposa, allí a la par |
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de aquella forma y manera que arriba oistes nombrar. |
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Los que venían a la tienda para el marqués visitar, |
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desque le veían armado y de aquella forma estar, |
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habían d`él compasión, llegaban por le hablar. |
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Recibíalos muy bien, cabe él los hacía sentar; |
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el caso como pasara a todas iba a contar. |
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Cuando algo le rogaban mostraba mucho pesar; |
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rogaba con cortesía le quisiesen perdonar |
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por no poder complacerlos como era su voluntad |
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porque él se había quitado sobre esto la libertad. |
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El juramento que hizo a todos hacía mostrar, |
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porque no tuviesen causa sobre ello lo importunar. |
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Los grandes que allí venían no le querían fatigar, |
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ni querían sobre tal caso su dolor le renovar. |
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Volvíanse para París pensativos además, |
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diciendo tener razón el marqués de se vengar |
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de un tan grave delito, y hacello bien castigar. |
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Cuando el emperador supo que el marqués fuera a llegar, |
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mandó llamar al consejo en su palacio imperial. |
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Mandó cuando fueron juntos los embajadores llamar: |
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la embajada que trajeron tornasen a recontar. |
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Levantóse el conde Dirlos comenzóla de explicar; |
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desque la hubo acabado tornóse luego asentar. |
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Todos se maravillarban de oír tan gran maldad. |
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Por amor del emperador todos recebían pesar; |
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mirábanse unos a otros, a todos parecía mal. |
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Antes que hablase ninguno el emperador fue hablar: |
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--Lo que aquí pide el marqués por primero y principal, |
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es que yo nombre jueces para esto determinar; |
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por ser caso de Carloto presente no quiero estar. |
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Para mejor señalarlos y todo mi poder dar, |
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que administren la justicia, en su conciencia y verdad-- |
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A todos está mirando y empiézales de hablar: |
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--Los jueces que yo nombro para justicia guardar, |
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el uno es Dardín Dardeña que el Delfín suelen llamar, |
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de tres estados de Francia, el primero en consejar; |
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el otro el conde de Flándes, don Alberto el singular, |
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uno de los tres estados, y primero en el mandar; |
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otro el duque de Borgoña, primero estado en juzgar, |
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riguroso y justiciero, en mis reinos principal; |
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el otro el duque don Carlos, mi sargento general; |
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otro el duque de Borbón, mi cuñado don Grimalte; |
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el otro el conde de Foy, y el buen viejo don Beltrán; |
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otro sea don Reyner, llamado duque de Aste, |
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y el conde don Galalón de Alemaña principal; |
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otro el duque de Vibiano de Agramonte natural, |
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asistente de mi corte para los pleitos juzgar; |
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otro el duque de Saboya que venturas fue a buscar |
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y en las más partes del mundo trances ha visto pasar; |
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otro el duque de Ferrara, esa nombrada ciudad, |
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don Arnao el gran Bastardo, así se hace intitular; |
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otro sea don Guarinos, almirante de la mar, |
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de todas flotas y armadas sobre todos general. |
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Y nombro por presidente para en mi lugar estar |
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don Arnaldos de Belanda, de Francia gran condestable. |
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Para ello le doy mi cetro, poder soluto en mandar. |
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Todos estos juntos puedan absolver y sentenciar |
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esto que pide el marqués como se debe juzgar, |
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si por prueba de testigos o trance de pelear. |
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Yo les doy mi comisión con poder y facultad, |
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que la sentencia que dieren la puedan ejecutar, |
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según costumbre de Francia, por su propia autoridad, |
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dando la pena y castigo a quien la hubieren de dar. |
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Así por vía de justicia, como por en campo entrar, |
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al cual puedan ser presentes, y en mi nombre asegurar |
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al marqués Danés Urgero y a cuantos con él están, |
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más que a mi persona propia nadie le pueda demandar.-- |
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Así como aquí lo dijo a todos lo va a mandar, |
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so pena de ser traidor quien lo osare quebrantar. |