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Tengo que llevar pa España una flor cuando me vaya. |
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Hay una mujer dispuesta que quiere ser namorada. |
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Ella tiene un primo hermano, que don Antonio lo llaman, |
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y tuvo tiempo una tarde para escribirle una carta, |
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dándole a entender en ella que la saque de su casa. |
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Se pone zapato blanco sobre su media encarnada, |
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calzón de flor de romero sobre su camisa `elgada, |
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un sombrero de tres plumas, una verde y dos moradas |
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y al medio de las tres plumas, el retrato de su dama. |
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Allega a la puerta y toca, pronto le salió la dama; |
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se dan las manos derechas, lo llevó para la sala, |
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como es sala de visitas, sala muy aderezada. |
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Y, en estas razones y otras, su capitán que llegaba, |
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él y muchos caballeros que van al juego de tablas. |
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--¿Qué buscaba el don Antonio a diez horas de mi casa? |
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--Vengo a hacerle una visita si a usted, su merced, le agrada.-- |
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Tocan pitos y entormentos diciendo que alarma, alarma, |
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tocan pitos y entormentos ya la gente se ajuntaba. |
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--¡No es de nobles caballeros, que tengan valor y fama, |
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mandar por las escopetas teniendo aquí las espadas!-- |
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A él todos se le tiran y él a todos desbampara; |
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don Francisco, medediante, pretendiente de la dama, |
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por sobre todos le tira una ruin sotil picada, |
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que le pasó justo al cuerpo y a la ropa que llevaba. |
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Cuando se encontró heri[d]o, como un toro pita y brama. |
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--Yo tengo dos hermanitos valientes como una espada, |
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¿quién les llevará las nuevas a mis hermanos del alma?-- |
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Y ellos, que estaban cenando, la nueva que les llegaba. |
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--¡Válgalo Dios a mi hermano que siempre estaba en batalla!-- |
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Ya tiene la bota fuera, la media desabrochada, |
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por ahí van al armerillo, cogen ca uno su espada; |
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por la calle van diciendo estas hermosas palabras: |
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--¡Quién encontráramos vivo a nuestro hermano del alma!-- |
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Don Juan, como más ligero, muchos pasos se adelanta; |
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cuando llegó al puerterío, todas las halló trancadas. |
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Del puntapié que pegó tumbó la puerta más alta. |
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--¡Salga fuera la pendencia, salga fuera de la sala, |
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que aquí lo veremos hora los Burmanes con los Vargas!-- |
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Pelió uno y pelió otro, peliaron tres horas largas; |
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dieron cuenta a la justicia y sin poder aplacar nada. |
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Bajó un fraile `San Francisco, de la regla franciscala, |
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con Jesucristo en los hombros: --¡Hijos, miraile las llagas, |
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que falleció por nosotros y así las paces se hagan!.-- |
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Se hincaron de rodillas, dejan descadir las armas. |
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Veinticinco van heridos de la parte de los Vargas, |
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de los Burmanes, cuarenta, que así lo reza la plana. |
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Lo que en esta me faltare en la otra lo declara. |