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En las salas de París, en el palacio sagrado |
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donde está el emperador con su imperial estado, |
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también estaban los doce que a una mesa se han juntado, |
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obispos y arzobispos y un patriarca honrado. |
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Después que hubieron comido y las mesas se han alzado, |
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ya se levanta la gente, todos iban paseando |
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por una sala muy grande, unos con otros hablando. |
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Unos hablan de batallas, los que las han acostumbrado; |
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otros hablan de amores, los que son enamorados. |
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Montesinos y Oliveros mal se quieren en celado; |
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con palabras injuriosas Oliveros ha hablado. |
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Las palabras fueron tales, que de esta suerte ha empezado: |
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--Montesinos, Montesinos, ¡cuánto ha que os he rogado |
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que de amores de Aliarda no tuviésedes cuidado, |
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que no sois para servirla ni para ser su criado! |
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¡Si no por el emperador, yo os hubiera castigado!-- |
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Montesinos que esto oyera túvose por injuriado; |
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la respuesta que le dio fue como de hombre esforzado: |
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--¡Buen caballero Oliveros, mucho estoy maravillado, |
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siendo hombre de buen linaje siempre entre buenos criado, |
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que vos a mí deshonrar bien debía ser excusado; |
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que si tuviera yo espada como vos tenéis al lado, |
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las palabras que dijistes bien las hubiérades pagado!-- |
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Oliveros que esto oyera en la espada puso mano; |
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fuése para Montesinos como hombre muy airado. |
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Montesinos no tiene armas, descendióse del palacio. |
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Los ojos puestos en el cielo juramento iba echando |
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de nunca vestir loriga ni cabalgar en caballo, |
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ni comer pan a manteles, ni nunca entrar en poblado |
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y de no rapar sus barbas, ni de oír misa en sagrado, |
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ni llamarse Montesinos, hijo del conde Grimaltos, |
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hasta que vengue la mengua que Oliveros le ha dado. |
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En llegando a su posada fue muy prestamente armado: |
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pone el yelmo en su cabeza, vístese un arnés tranzado, |
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mandó sacar una lanza que él tenía en apartado, |
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que la lanza era muy fuerte, y el hierro bien acerado. |
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Ya es armado Montesinos, ya cabalga en su caballo. |
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Las cartas que tiene escritas a un paje las había dado, |
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que las lleve a Oliveros y se las diese en su mano, |
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y le diga que le aguarda Montesinos en el campo, |
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armado de todas armas y el caballo encubertado. |
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Ya se parte el mensajero con las cartas que le ha dado; |
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en casa del emperador a Oliveros ha hallado; |
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con muy grande reverencia el paje lo ha llamado. |
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Oliveros es discreto, y hombre muy bien criado, |
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apartóse con el paje en un lugar apartado. |
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Preguntó lo que quería, o quién le había enviado. |
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El paje cuando esto oyó las cartas le hubo mostrado. , |
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Oliveros que las vido dijo que él daría recaudo. |
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Ya se parte el pajecico, ya se sale del palacio. |
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El plazo que Montesinos a Oliveros hubo dado, |
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cuatro horas le da de tiempo que le aguardaría en el campo, |
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y si al plazo no viniese por traidor sería llamado. |
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El acudió de tal suerte, que seis horas habían pasado. |
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Tanto aguardó Montesinos, que ya estaba enojado. |
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Mientra que en el campo andaba a Oliveros esperando, |
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vió allí un caballero que llamaban don Reinaldos, |
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que de linaje era su primo, y en el voluntad más que hermano. |
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Las palabras que le dijo, de esta manera ha hablado: |
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--Montesinos, Montesinos, ¿qué facéis, mi primo hermano, |
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que según del modo os veo vos estáis mal enojado? |
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Alguno os desafió y vos lo estáis esperando, |
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porque no siento otra cosa por qué estuviésedes armado-- |
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Montesinos que esto oyera tal respuesta le hubo dado: |
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--La causa que ansí me halláis vos la contaré de grado: |
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un presente hoy me trujeron, y en él vino este caballo; |
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mas vos sabéis mi costumbre, que si caballo me han dado, |
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el primer día que a mí viene ha de ser muy bien probado. |
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Yo por ver qué tal es este he subido en el armado.-- |
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Don Reinaldos que esto oyera esta respuesta le ha dado: |
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--Montesinos, Montesinos, vuestro hablar es excusado; |
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vos a mi no me neguéis por qué estáis desafiado.-- |
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Montesinos que esto vido que lo sabía don Reinaldos, |
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luego sin más dilación la verdad hubo contado. |
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--Vos sabéis, mi señor primo, que hoy dentro en el palacio |
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yo y vuestro primo Oliveros andábamos paseando. |
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De unas razones en otras él me ha mal injuriado, |
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diciendo que de Aliarda yo no tuviese cuidado, |
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que no era para servirla ni para ser su criado; |
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que si mirado no hubiese al gran emperador Carlos, |
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por el enojo que le hice ya me hubiera castigado. |
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Yo le dije que hablaba mal y muy desmesurado, |
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y él echó mano a la espada y embrazóse de su manto. |
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Yo hallándome sin armas descendíme del palacio; |
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fuíme para mi posada. muy triste y muy enojado; |
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arméme con estas armas que vos me halláis armado. |
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Cartas envié a Oliveros que le aguardaba en el campo; |
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cuatro horas le di de tiempo que le estaría esperando |
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y si en estas no viniese por traidor sería llamado. |
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Desque pasan las cuatro lloras, otras dos habían pasado. |
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Don Reinaldos que esto oyó esta respuesta le ha dado: |
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--Si queréis vos, Montesinos, yo iré presto a llamarlo, |
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si no quiere oírlo de lengua, decírselo he por las manos; |
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y si él no quiere venir, para vos y mí, sean cuatro.-- |
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Ellos estando en aquesto Oliveros ha llegado, |
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no como hombre de pelea, sino como enamorado. |
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Él viene muy gentil hombre mas también muy bien armado. |
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En llegando a Montesinos de esta suerte le hubo hablado: |
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--Montesinos, Montesinos, ¿qué es esto, traidor malvado?, |
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que la fe que tú me diste ¡hásmela muy mal guardado! |
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Dijiste que estarías solo, y hállote acompañado.-- |
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Montesinos que esto oyó tal respuesta le hubo dado: |
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--Oliveros, Oliveros de esto no estéis enojado, |
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que si compañía tengo cierto vos lo habéis causado, |
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que si viniérades a tiempo del plazo que os hube dado, |
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la compañía que tengo no la hubiérades hallado, |
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que por causa de desdicha él me halló aquí armado. |
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Él me preguntó qué había, yo bien me hube excusado, |
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mas por importunación sabed que yo le he contado |
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lo que está entre vos y mí y lo que yo hube pasado. |
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Mas yo os haré juramento donde vos queráis tomallo, |
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que por esta compañía no seréis perjudicado, |
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sino que él se irá a París quedando nos en el campo. |
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--Pláceme--, dijo Oliveros, --de eso que habéis hablado.-- |
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Reinaldos se entró en París y ellos quedan en el campo. |
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Íbanse de par en par, y juntos lado con lado, |
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hasta llegar a la huerta donde el campo se había dado. |
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Después que dentro se vieron Montesinos ha hablado: |
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--Agora es tiempo, Oliveros, que se vea el más esforzado.-- |
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Vanse el uno para el otro, recios encuentros se han dado; |
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los golpes han sido tales que entrambos se han derribado. |
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Media hora y más estuvieron que ninguno ha hablado. |
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Ya después que esto pasó el uno se ha levantado; |
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fuése para Oliveros, de esta suerte le ha hablado: |
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--Buen caballero, no estéis por tan poco desmayado, |
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echemos mano a las hachas, pues las lanzas se han quebrado.-- |
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Oliveros que esto oyera muy presto fue levantado. |
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Danse tan terribles golpes que presto se han desarmado; |
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las piezas de los arneses veréis rodar por el campo. |
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Oliveros que esto vido de esta suerte le ha hablado: |
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--Echa mano por la espada pues que ya estáis desarmado.-- |
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Montesinos que esto oyera presto la espada ha sacado: |
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fiérense de tales golpes que se han mal aparejado. |
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Ellos estando en aquesto un cazador ha llegado; |
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quísose poner entre ellos, hanle mal amenazado, |
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que si entre ellos se pone que él será muy mal tratado. |
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El cazador que esto oyera medio muerto y espantado |
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se partió para París, grandes voces iba dando: |
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--Qué es de ti, el emperador, que hoy pierdes todo tu Estado? |
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¡Hoy entre los doce pares veo gran ruido armado, |
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y el imperio de París todo escandalizado!-- |
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Oyólo el emperador, donde estaba en el palacio: |
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mandó luego que lo llamen al que tal iba hablando. |
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Ya es llegado el cazador do está el emperador Carlos. |
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Las palabras que le dice con temor demasiado: |
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--Señor, sepa, vuestra Alteza que hoy andando cazando |
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en la huerta de Sant Dionís, dentro en ella yo he hallado |
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a Montesinos y a Oliveros que se habían desafiado. |
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La sangre que de ellos corría teñia las yerbas del campo; |
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que si ellos ya no son muertos, estarán muy mal tratados.-- |
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El emperador que esto oyera muy presto hubo cabalgado |
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con todos los caballeros los que allí hubo hallado. |
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De Oliveros iba un primo, y también iba un su hermano, |
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y el padre de Montesinos, ese conde don Grimaltos. |
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Cada uno tiene parientes, iban escandalizados. |
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El emperador, que esto vido, pregonar luego ha mandado: |
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que de manos ni de lengua ninguno sea osado |
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de decir descortesía, ni quistión hayan buscado |
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y quien quistión revolviese fuese luego degollado. |
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Por miedo de aquel pregón todo hombre va limitado. |
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En allegando a la huerta el emperador hubo entrado. |
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Por el rastro de la sangre los caballeros han hallado, |
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el uno caído a una parte, otro caído a otro lado. |
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Llamó a sus caballeros los que le han acompañado. |
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Cuando la gente los vio veréis hacer un gran llanto: |
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unos dicen: ¡Ay mi primo¡ otros dicen: --¡Ay mi hermano! |
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El conde Grimaltos dice: --¡Ay mi hijo mal logrado!-- |
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Cuando el emperador vido su pueblo escandalizado, |
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mandó traer unas andas en que hubiesen llevado |
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aquellos dos caballeros que se habían maltratado: |
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que los lleven a París dentro del real palacio; |
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doctores y bachilleres que viniesen a curarlos. |
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Fue la voluntad divina que a poco tiempo pasado |
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les hallan gran mejoría, que se han mucho remediado. |
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Ya sanos los caballeros y Dios que les ha ayudado, |
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mandóles el emperador, que amigos hayan quedado. |
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Cásanlos con sendas damas las más lindas del palacio, |
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y púsoles grandes penas que ninguno sea osado |
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de hablar con Aliarda, ni de ser su enamorado, |
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y quien esto quebrantase de la vida sea privado. |
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Así quedaron amigos y el imperio asosegado. |
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Luego Aliarda casó con un caballero honrado; |
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quedaron todos contentos y el romance fue acabado. |