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En la baja Extremadura, en Extremadura baja, |
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allí vive un caballero de hacienda algo moderada. |
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Este tal tiene un criado llamado Juan de Navalla; |
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le había servido diez años de criado en su casa. |
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Viendo que no le pagaba y que la cuenta iba larga, |
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le dice un día: --Mi amo, págueme usted mi soldada.-- |
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Mas altivo le responde: --Yo a ti no te debo nada; |
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más me debes que `o te debo, me tienes robado en casa; |
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te he de poner la justicia para que me satisfagas.-- |
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Caminó el mozo d`allí sin cobrar la su soldada. |
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Estando un día arrimado al palacio de su amo, |
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vio venir un caballero qu` hacia él s`acercaba. |
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--¿En dónde está vuestro amo? --Señor, yo co él ya no estaba, |
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que le he servido diez años y agora no me los paga.-- |
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Contestó el caballero: --Sólo me espanto de ti, |
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que no te hagas modo o trazas de cobrarte tu soldada. |
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--Ya lo he ajusticiado yo, mas no me sirvió de nada. |
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--Pues escúchame y verás si mi consejo te agrada: |
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si quieres servir cuatro meses de criado en mi casa, |
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te he pagar tu soldada al doble en oro y plata.-- |
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Acetó el mozo el partido, sin saber con quién hablaba, |
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y éste era el mismo demonio, disfrazado en carne humana. |
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--Toma, Juan, este bastón, y anda, ven pr`onde yo vaya.-- |
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Y al momento se encontró |
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al lado d`un palacio que el mirarlo le asombraba. |
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--Dígame usted, mi amo, ¿de quién es esta casa? |
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--Aquí es, contesta el amo, donde los que deben pagan; |
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en ese cuarto d`afuera, ahí tendrás tu habitanza, |
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qué comer y qué beber y también tu buena cama, |
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mas oirás cosas qu` atemorizan y espantan, |
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mas tú no tengas miedo, que el Altísimo t`ampara. |
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Aquí es una triste cárcel y el que liberal no anda |
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pronto se le acaba el cuerpo, luego se le confunde el alma.-- |
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Dentro de muy poco tiempo una llamada le daba. |
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--Navalla, toma estos machos, vete arriba a esa montaña |
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por dos cargas de carbón para atormentar las almas.-- |
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En el portal se los entregaba; |
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con una barra de hierro en el suelo los echaba. |
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Dentro de otro poco rato, otra llamada le daba. |
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--Navalla, toma estos machos, vete arriba a esa montaña |
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por dos cargas de azufre para atormentar las almas.-- |
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De ese modo pasó tiempo llevando y trayendo cargas, |
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y del color del azufre traía el mozo la cara. |
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Al cabo de cuatro meses, de esta manera le hablaba: |
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--Navalla, ya me serviste el tiempo que t`ajustara |
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y ahora me falta a mí el pagarte tu soldada; |
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te la he de pagar al doble, al doble en oro y plata. |
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Antes de que te marches mando qu` aquí te llegaras, |
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pra que lleves qué contar cuando al otro mundo vayas. |
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Verás qué silla tan linda le tengo aquí preparada, |
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para que pueda sentarse ese amo que no te paga: |
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los pies eran de marfil, la asentadura de plata.-- |
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En esto dio el diablo un soplo y se encendió en vivas llamas; |
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los pies, que eran de marfil, se volvieron salamancas; |
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la asentadura de plata, una serpiente enroscada. |
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--Tú, si te sentaras n`ella, tú, si n`ella te sentaras, |
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en un cerrar y abrir d`ojos todo en polvo te quedaras. |
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Mas tú agradécelo a esas reliquias qu` has traguido en tu compaña, |
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que si no, pudiera ser, qu` aquí también te quedaras.-- |
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Escribió el diablo una carta, con el rabo la firmara. |
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--Esos dos machos qu` has traguido llevando y traguiendo cargas, |
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uno es padre y otro abuelo de ese amo que no te paga.-- |
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Echó la carta n`el suelo y les dijo que firmaran |
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con aquella firma que n`el mundo acostumbraban. |
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Luego les mandó cantar cantares de su desgracia. |
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Ellos iban maldiciendo el pan, el vino y el agua. |
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Y el demonio les decía: |
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--Cantai más, que estoy muy triste, vuestra música m`agrada. |
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--¿Qué cantaremos nosotros? ¡Oh, malditas nuestras almas!-- |
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Le entrega la carta a Juan, luego n`el mundo s`hallaba. |
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Llegó a la puerta del amo cuando rompía el alba, |
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y preguntó por el amo en la puerta a la criada. |
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La criada le responde que el amo estaba en la cama. |
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Él le entregó la carta y al amo se la llevaba. |
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Antes de leer el sobrescrito en lágrimas s`anegaba. |
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Pagó la soldada a Juan al doble en oro y plata, |
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y él se fue a un convento a hacer vida santa. |
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¡Escarmentai, avarientos, no fundéis vuestra esperanza |
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en los bienes de esta vida qu` hoy son y no son mañana! |