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Sercada está Santa Fe de un rico lienso enserado;
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ricas tiendas le rodean de tersiopelo y brocado.
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En la más chiquita de eyas está Cristo señalado,
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y en la cabesa de Cristo está un rubí de oro ezmaltado,
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que si le apresiáis, el Sidi, vale más que tu reinado.
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A las doze horas del día un moro se ha demostrado,
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sobre un cabayo negro de blancas manchas manchado.
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--¡Ay Valensia!, y ¡ay Valensia! Valensia la bien sercada,
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primero fuitis del moro, que de quistianos ganada,
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y anora, si Al-lah me ayuda, a moros serís tornada.
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A ese perro de ese Sidi yo le pelaré las barbas.
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Su mujer, Ximena Gomes, será la mi cozinera;
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su hija, doña Urraca, será la mi enamorada;
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la de los rubios cabeyos, esa me hará la cama,
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y la más chiquita de eyas ensenderá la mi duaya.--
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Oído lo había el buen Sidi desde su alta ventana;
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los dados tiene en la mano, al suelo los arronjara;
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fuese para los palasios donde la Urraca estaba:
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--En huena hora estés, Urraca, mi estreya de oro ezmaltada.
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En eya vengáis, i padre, espejo en que me miraba.
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--Levántaté tú, Urraca, lévantaté de mañana,
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quítaté paños de siempre y ponte los de la pascua;
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con ahua de la redoma, arrebóaté la cara,
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hasta que saques el rostro como espada asercalada.
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Con siento de tus donzeyas asómaté a la ventana;
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verás pasar a ese Sidi, detenédmelé en palabras;
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las palabras sean pocas y en amor sean tocadas.
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--¿Cómo lo haré, mi padre, que de amor no entiendo nada.
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--Yo te enseñaré, mi hija, como si fueras uzada.--
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Se levantó la Urraca, se levantó de mañana;
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se quitó paños de siempre y puzo los de la pascua,
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y con siento de sus donzeyas asomóse a la ventana.
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Vido pasar a ese Sidi que se pasa y no la habla:
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--¿Quién es ése u cuál es ése, que se pasa y no me habla?
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--El Sidi soy, mi señora, que por ti ando yo en bataya;
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siete años hazían, siete, que por ti blando mi espada.
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--Y otros siete, mi señor, que estoy por esa ventana;
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de tus amores, el Sidi, tirarme por la ventana.
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--Si te tirares, mi vida, te resiberé en mi halda.
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Eyos en esas palabras, el Barbés que rebuznara:
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--¿Qué es aquesto, mi señora?, Gran traisión tenís armada.
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--No tengo traisión ninguna, ni en mi linaje era uzada;
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los cabayos de mi padre, no los han dado sebada.
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Entre esas palabras y otras, la cabesa le cortara.
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